Es difícil explicar ese sentimiento, lo que una siente por sus hermanas, hay muchos tipos de amor y éste es el que nunca te falla en ningún momento de tu vida. Para mí son una de las cosas más importantes, aunque aveces discutamos y nos enfademos a muerte. No sé qué sería de mí si no hubieran estado a mi lado, porque al crecer con ellas, aprendí a ser como soy, aprendí a compartir y ser generosa, a querer y odiar a una misma persona al mismo tiempo (odiar un instante para, solo en cuestión de segundos, volver a quererla a mi lado), aprendí el valor de la amistad, a guardar un secreto, a mentir o decir la verdad cuando era necesario, aprendí a vivir.
Teniendo hermanas es imposible aburrirse, ni sentirse sola.
Son las únicas personas que merecen ser perdonadas de cualquier mal que puedan hacerte, ya que su intención nunca será el hacerte daño, no necesitan pedirte perdón porque con una mirada y una sonrisa sabéis que ya lo habéis olvidado. Son las que han estado ahí siempre que te sentías sola, de las que te ríes o las que critican lo que haces mal, para que aprendas (o simplemente para cachondearse de ti), las que te ayudan cuando lo necesitas (incluso, en muchas ocasiones, sin llegar a pedírselo), con las que no has parado de llorar en los peores momentos, pero tampoco de reír en los mejores, son las que van a sentir siempre lo mismo que tú, las mismas alegrías, añoranzas, esperanzas, ilusiones, el mismo dolor, las mismas pérdidas, las que te darán las fuerzas para seguir, luchar por tus sueños, te apoyarán cuando estés hundida, te alagarán en tus mejores momentos, las que te traerán a esas pequeñas personitas que querrás luego igual, incluso más, que a ellas. En mis mejores recuerdos siempre han estado y sé que pase lo que pase, lo que nos depare el destino o lo que la distancia nos aleje, siempre estarán ahí, ya que son la suerte de mi vida.
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